Portafolio

Un saludo a todos.

Les invito a visitar mi perfil de Behance: Sant Váconez, donde encontrarán una parte de mi trabajo en diseño, ilustración, animación y el desarrollo editorial.

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Chacana Editorial, un sueño hecho realidad

Hace ya casi dos años me lancé a construir un sueño, a convertirlo en proyecto y a entregar mi corazón y vida para verlo nacer. Ahora todo ese esfuerzo va dando frutos y se va haciendo cada vez más grande. Se han ido dando pasitos importantes y valiosos, pero falta muchísimo por seguir avanzando. En eso estamos.

Les comparto mi sueño hecho realidad: Chacana Editorial

Chacana Editorial Web.jpg


Vasija de barro 2

…y al final de la relación tenemos a dos vasijas resquebrajadas, desportilladas o con pedazos de menos.

Tras el incidente, la vasija se ve perdida, confundida, con un sin sabor extraño. Trata de llenarse con cualquier cosa, de sellar las resquebrajaduras y cubrir las partes sin barniz e, incluso, trata de tapar los agujeros con alguna otra pieza rota que va encontrando en los lugares menos esperados. Muchos de ellos son demasiado grandes y la vasija pule aún más sus orificios para que estos pedazos puedan calzar, y ellos se abren espacio sin medir, ni preocuparse por nada y terminan rompiéndola cada vez más; otros son muy pequeños, y la vasija los sostiene de cualquier manera, ata todo tipo de lazos o cadenas para sentir que están ahí, que algo ocupa el espacio que antes estaba lleno con una parte de vasija que se quedó pegada en alguna otra que ya no está cerca.

La vasija va cambiando con el tiempo, se ve en el espejo y ya no se reconoce, se cansa de buscar y recoger y perder, solo ahí, solo en ese momento, empieza a raspar, a pulir, a dejar caer esos lazos que la lastiman y esas cadenas que retienen sabores amargos. El pulir cuesta, duele mucho, la vasija exprime cada gota de pasado… y deja ir.

En el fondo, en la oscuridad, en el silencio, se ve a sí misma con sus resquebrajaduras, con las zonas desportilladas, con los pedazos de menos, y mezcla sus lágrimas con el delicado polvillo que ha sacado de sus heridas. Solo el paso cadencioso del tiempo ve nacer nueva arcilla, nuevo barniz, ve rellenarse los espacios vacíos. Solo el paso cadencioso del tiempo, en el silencio oscuro del fondo, ve reconstruirse a la vasija.


Recogiendo pasos

Hace un año fui a visitarte, comimos pescado crudo y sonreímos mucho, la película de Woody Allen era confusa pero era de tus favoritas.

No habíamos tenido contacto desde aquella noche en el balcón, llovía demasiado y tus ojos estaban mojados, habría que descontar un abrazo importante luego de tu viaje, pero nada más.

Esta noche, hace un año, daba pasos cobardes hasta llegar a tu puerta y tú esperabas que timbre, que te diga “estoy aquí, te espero”; tú esperabas otro abrazo importante, otra sonrisa honesta, darme otra oportunidad. No recuerdo si había luna llena o si todo estaba nublado.

Esta noche, hace un año, tuvimos ese abrazo importante, muchas sonrisas honestas y esa oportunidad. Y hubo muchas de esas noches en el año, de pescados crudos, de golosinas, de películas menos confusas, de sonrisas felices, de sueños largos en cielos brillantes, muchas noches.

Hoy regreso caminando con pasos nerviosos, menos cobardes, más pesados, con un cielo despejado y una luna partida, camino hasta llegar a tu puerta, pero tú ya no me esperas, no quieres que timbre, no quieres que esté aquí, que te espere, ya no esperas abrazos importantes, ni sonrisas honestas, ni inciertas oportunidades.

Y ya no habrá más de esas noches en el año, ni pescados crudos, ni golosinas, ni películas, ni sueños, ni cielos, ni lágrimas. Ya no habrá más pasos nerviosos, ni cobardes, ni pesados.


Noche grande

Ha sido una gran noche,
la noche grande de un mes grande
la noche grande de una nube grande
de una lluvia grande
de un silencio grande.

Ha sido un tiempo de arena lenta,
amarga
sin caracoles o cangrejos o estrellas de mar.

Un tiempo de encierros, prisiones,
de mundos de cabeza con mirada perdida
de cambios bruscos
despedidas mojadas
de vacías ausencias.

Un silencio de adioses enterrados en gargantas que gritan recuerdos.
Un tiempo de milagros que sostienen la vida en un segundo invisible,
en una sonrisa invisible,
en un beso invisible.

Queda el paso de un tiempo grande,
de un mes grande,
de una noche grande.


Preguntas

Tenemos un muerto
Y…
De qué hablar? 
De qué meditar?
De qué dar vueltas en la cabeza tal vez pensando en palabras tan huecas como una alcantarilla o una lata de atún en aceite de girasol.

Del tiempo?
Del timbre en ese despertador que ya no va a sonar?
De un reloj en el bolsillo ya sin cuerda, ya sin arena, sin sal?
De un dios griego o romano o mundano, que devora crudos a sus hijos, saboreando cada huesito, y que hoy nos devora a nosotros en el lodo y el polvo de las arrugas y las canas del ataúd?

O hablamos de la vida?
De 5, 23, 42, 85, 93, 100, 101, 102… años; de un fragmento, de un latido, de un sueño tan grande como las lágrimas, o de un adiós, de un hoy, ya no de un mañana.

O hablamos de las cosas que se hicieron, o de las que no, de las que van y fueron quedando pendientes; de las que amamos, de a quienes amamos.

O hablamos de la muerte?
Del cerrar los ojos, ponerse frío, sonreír. 
Del irse sin saber a donde, vestido de negro y con dos monedas en los ojos. Del vacío en la mesa, el hueco en la cama y el espacio extra en los cajones; de las voces en cada rincón, los pasos en el marco de la puerta, las caricias de viento en el cabello. 

O simplemente hablamos del renacer en las flores, en esa promesa de todos los dioses, o del renacer en la memoria de todos.


Búsqueda

– Buenas tardes

– Si, le puedo ayudar en algo?

– Me podría ayudar a buscar un objeto perdido por ahí?

– Sí, claro, encantada. Cómo es el objeto que busca?

– Es más o menos del tamaño de un puño, pero de uno no tan apretado, ni tan flojo, más o menos así.

– (Tipeando en su máquina de escribir invisible) ok, color?

– Es marrón, rojizo, a veces se ponía blanco, otras veces, muy negro, pero la mayor parte del tiempo tenía el color brillante y líquido de la sangre viva, como esa que recién sale de la nariz y moja un girasol que está por brotar.

– Si busca un hígado, llame a la Cruz Roja por favor!

– No señorita, no es eso, no se altere.

– (Continúa tipeando) entonces deme más detalles, para qué sirve?

– Muchos lo usan solo para transportar pedazos de aire de un lugar a otro, otros lo utilizan como soporte para sus vidas, otros para soñar aquellos sueños maduros que han cultivado por largo tiempo, otros sueñan con él también aquellos que acaban de nacer pero aún no están maduros. Yo lo utilizaba para todo, lo llevaba siempre conmigo, soñaba con él, dormía escuchando su pum, pum pum, pum, pum pum, juntos veíamos la luna y nos bañábamos en agua tibia.

– Mmmm, (mirando al chico) y dónde fue el último lugar donde lo vio?

– Estaba aquí, en mi pecho, pero llegó un hada, luego un huracán de melancolía, me crucé por un desfile de ilusiones, luego me perdí en unas calles amargas, desoladas, que no conocía de la ciudad y desde ahí no lo he vuelto a ver.

– Está bien, transmitiré su solicitud a pérdidas menores y ellos la tramitarán.


Conceptos Básicos (recordar)

Recordar: “volver a pasar por el corazón”.
Y el corazón se va volviendo una cernidera por la que pasan 1511 pinturas de luz, 2.44 toneladas de momentos, 754 mil millones de latidos, 179 mil millones de suspiros, 937 millones de besos, 861 mil lágrimas, 312 girasoles y rosas, 124 chocolates y peluches, 75 canciones, 523 te quieros, 2 te amos, 692 mil millones de miradas, 534 días juntos, un sí, un ¿estás segura?, miles de dudas, dos pasados, dos cernideras, tantos errores, una decisión. Adiós


Difuntos

Caí en uno de esos días en los que se recuerda que por algún lugar escondido tenemos un alma, un día de esos en los que se recoge la vida, se busca cada pedacito y se lo guarda en cajas azules, grandes, pequeñas, del tamaño del sol y de las hormigas. Se recogen recuerdos encargados en estanterías de vieja madera, escondidas en algún sótano oscuro o en el palomar de alguna casa abandonada. Se recogen las lagrimas de un niño desconsolado disueltas en lagunas y mares sin pasado, y los gritos callados de un viejo sin futuro. Uno de esos días en los que se recuerda que alguna vez se tuvo sueños, que se luchó por algo, que se escribió mil cuentos y se leyó mil más con velas y chimeneas. Que alguna vez se quiso, que alguna vez se amó, que más de una vez se presenció la silenciosa ruptura de un corazón, ajeno y propio y desconocido y cercano, que alguna vez, en vida, se recogió los pedacitos de un alma, tal vez la propia, y se los guardó en cajas azules, grandes, pequeñas, soles, hormigas.


Venas abiertas

Hoy sólo había cebollas en el refrigerador. Grandes, violetas, apestosas, condenadas con ese olor que se impregna en los nudillos, que ni con lágrimas sale de los ojos. Un cuchillo afilado con el mango de madera aún mojado y manchado con la sangre de los corazones que preparamos por la mañana. Un estofado delicioso.

Mis manos estaban mojadas con el eco de los latidos sofocados para el desayuno, cuando aún estabas aquí, cuando no había la posibilidad de que todo terminara con dos cachetadas y un te odio/amo, no vuelvas a buscarme/perdóname, gritado desde/hacia un taxi que aceleraba prometiendo no traerte de vuelta.

Las cebollas son de esos “alimentos” que se pueden considerar nobles, que no se entierran sin un funeral digno, que exigen que alguien las llore antes de despedirse, que no se van si no es con la certeza de que al menos una lágrima, en su nombre, mojó el suelo, el cuchillo o el corazón de alguien. Las cebollas son como tú, que no te vas sin asegurarte de que al menos una lágrima mojó el corazón, el piso y el cuchillo que hoy corta mucho más profundo que las menudencias para el estofado.


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